Crear un enfoque más efectivo para la recuperación tras una catástrofe

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En el periodo posterior a una catástrofe natural, como un huracán, la rápida reconstrucción de las viviendas dañadas o destruidas por la tormenta es fundamental para recuperar las comunidades afectadas. El Zaragoza Logistics Center está desarrollando un modelo que adopta un novedoso enfoque para reconstruir las zonas devastadas por huracanes al enfocar el proceso como un reto propio de una cadena de suministro.

Las cadenas de suministro son, básicamente, sistemas que se encargan de proporcionar materias primas y componentes, transformarlos en productos acabados y entregar esos productos a clientes finales. Es muy similar a la manera de operar de los programas de recuperación cuando se produce una catástrofe natural. Las víctimas de huracanes que hayan perdido sus hogares son “clientes” a los que les urgen los productos acabados que, en este caso, son viviendas. Además, una cadena de suministro confía en la eficacia del flujo de materiales, información y fondos para conseguir sus objetivos operativos y la fase de recuperación de un desastre está sometida a flujos similares.

Aunque estos paralelismos puedan parecer obvios, las investigaciones sobre cadenas de suministro humanitario tienden a centrarse en la respuesta inmediata en lugar de en la recuperación a largo plazo. Sin embargo, las comunidades a menudo tienen dificultades para reemplazar la infraestructura perdida por un huracán porque no están preparadas para tales catástrofes.

Tomemos como referencia el desastre causado por el huracán Sandy, que arrasó la costa este estadounidense en 2013 y dejó tras de sí enormes daños en las regiones de New York y New Jersey, regiones sumamente pobladas. «Las ciudades no estaban preparadas y ciertos problemas, como complejos marcos reglamentarios, generaron dificultades que retrasaron la construcción de nuevas viviendas en los años posteriores al huracán», declaró Rafael Díaz, profesor de Gestión de Cadenas de Suministro en el programa MIT-Zaragoza International Logistics del Zaragoza Logistics Center, en Zaragoza (España). El profesor está desarrollando el nuevo modelo de recuperación en colaboración con Joshua G. Behr, profesor de investigación adjunto de la Old Dominion University, Norfolk, Virginia, Estados Unidos.

Las zonas geográficas que son propensas a sufrir acontecimientos meteorológicos extremos tienen que contar con planes que permitan a las comunidades evitar esas catástrofes y acelerar el proceso de recuperación cuando sobrevenga un desastre.

Un ejemplo de ello es la región estadounidense de Hampton Roads, situada en la lengua de tierra de la bahía de Chesapeake y en la que se encuentran dos grandes ciudades: Norfolk y Portsmouth. Esta zona urbana costera está sufriendo frecuentemente inundaciones como consecuencia, en parte, del hundimiento del suelo y la subida del nivel del mar. Las comunidades locales están expuestas al riesgo de pérdidas de viviendas por fuertes tormentas.

Díaz está demostrando la manera de utilizar métodos de gestión de cadenas de suministro para hacer que la región sea más resistente gracias a su modelo de recuperación. Ello implica el desarrollo de planes que se adelanten a los niveles de destrucción y evalúen los recursos y procesos necesarios para realojar a personas desplazadas en caso de desastre.

«Utilizamos escenarios de simulación para analizar las dinámicas de las poblaciones desplazadas y lo que hace falta para impulsar la construcción de viviendas nuevas y la capacidad de reparación para acelerar la vuelta a la normalidad», explicó Díaz.

El potencial de este enfoque se demostró en una crisis real. La entidad St. Bernard Project, una organización benéfica que ayuda a víctimas de catástrofes, consiguió reducir de manera significativa el tiempo necesario para reparar viviendas dañadas por el huracán Katrina, una intensa tormenta que devastó zonas de la costa del Golfo de Estados Unidos en 2005. La organización aplicó los principios de producción ajustada (también conocidos como lean manufacturing) a la gestión de voluntarios y materiales y redujo el tiempo de reparación de 120 días previstos a 66 días.

Díaz pretende «imitar la aplicación de estos principios a una escala mucho mayor pero basándose en iniciativas como la del proyecto de Nueva Orleans».

Los tres hilos de información en los que se basa su modelo son:

  • La vulnerabilidad de las viviendas y barrios en función de los perfiles sociales y económicos y los recursos disponibles.
  • La capacidad para reparar y sustituir viviendas dañadas o destruidas con diferentes tipos de estructuras. Se utiliza un enfoque de simulación de eventos discretos para reproducir interacciones de la cadena de suministro, así como la capacidad regional para recuperarse a largo plazo.
  • La probabilidad de que se produzcan tormentas y la posible magnitud de estas según las evaluaciones de riesgos pertinentes. Los investigadores utilizan HAZUS, una herramienta desarrollada por FEMA (un organismo encargado de la gestión de situaciones de urgencia en Estados Unidos) para estimar la intensidad de las tormentas.

Es importante que el modelo refleje niveles reales y posibles de los recursos y el personal de la región que se está estudiando y en qué medida podrían cambiar en una situación de crisis. Como apuntó Díaz, el impacto de una tormenta suele ser muy desigual en la zona afectada debido a las variaciones en la fuerza y el avance de esta.

Para estar seguros de que el modelo se basa sólidamente en la realidad, los investigadores se basan en tres pilares para construir el modelo. En primer lugar, las relaciones funcionales locales y las dinámicas de reposición de viviendas se precisan a través de interacciones con grupos de interés y observaciones. En segundo lugar, se obtiene información más detallada de una búsqueda bibliográfica y otros análisis. Por último, se recopilan más datos mediante conversaciones guiadas o acontecimientos de construcción de modelos grupales iterativos más formales y amplios.

El modelo debe completarse en aproximadamente un año, según Díaz. Además, expresó que le gustaría extrapolarlo a otras situaciones de catástrofe como, por ejemplo, terremotos y a regiones de diferentes zonas del mundo. «Poner en marcha este modelo en África o Europa implicará otros factores, como que existirán otras limitaciones del flujo de materiales, pero los principios básicos de la cadena de suministro son los mismos», aclaró el profesor.