
Por Carolina Ciprés, Dra. Teresa de la Cruz y Dra. Sara Sánchez
ISDEFE, la consultora de Ingeniería del ministerio de Defensa español, ha encargado recientemente al ZLC un estudio prospectivo sobre las tendencias y tecnologías actuales y emergentes que pueden impactar en la logística militar.
Los conflictos armados son, lamentablemente, grandes impulsores y aceleradores del progreso tecnológico, como estamos viendo en Ucrania con el desarrollo de drones, robots y otros vehículos aplicables en tierra, aire y, aparentemente, también en el mar. Las innovaciones «llamativas» captan la atención mediática, pero como bien saben los militares experimentados, la eficacia a largo plazo en el frente solo puede ser tan sólida como lo permitan sus líneas de suministro. El éxito de Wellington en España, por ejemplo, se ha atribuido —incluso por el propio Duque— a la eficiencia de su personal de intendencia. De hecho, la «logística» como disciplina tiene sus raíces precisamente en el ámbito militar.
Sin embargo, la logística militar recibe sorprendentemente poca atención por parte del mundo académico, incluso teniendo en cuenta el carácter reservado de los asuntos de defensa. Pero abastecer a las fuerzas armadas no es simplemente una versión particular de la logística civil. Aunque comparten términos como adquisiciones, previsión de la demanda, gestión de inventarios, almacenamiento, transporte o incluso «devoluciones» (como la evacuación de bajas o recuperación de equipos dañados), estas actividades se desarrollan en condiciones muy diferentes y con restricciones mucho más severas. En el ámbito civil, puede suponerse que la mayoría de las personas colaboran con el sistema (¡aunque algunos transportistas opinen lo contrario!). En cambio, en un contexto bélico, la caravana logística y toda su infraestructura —que hoy incluye componentes cibernéticos y de comunicaciones— se convierte en un objetivo prioritario del enemigo.
Las fuerzas armadas de todo el mundo están comenzando a desarrollar estrategias para aplicar nuevas tecnologías con el objetivo de mejorar el rendimiento y la resiliencia de su cadena logística. En nuestro estudio, nos centramos en cuatro países: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania. Aunque el panorama geopolítico evoluciona rápidamente —tres de estos países han cambiado recientemente de liderazgo y los planes de adquisiciones nacionales, de la UE, la EDA y la OTAN están en revisión constante—, la dirección tecnológica subyacente permanece clara.
Se están planificando o ya se están desplegando diversas tecnologías. Los vehículos no tripulados (drones), con larga trayectoria en tareas como la desactivación de explosivos, están siendo adaptados para entregar alimentos, municiones, suministros médicos o incluso evacuar heridos. También se usan en la obtención de inteligencia en tiempo real, superando «la niebla de la guerra» e informando directamente a las operaciones logísticas.
Otras tecnologías también están influyendo de forma decisiva. Las comunicaciones seguras, fiables y a gran escala son esenciales: en Reino Unido, por ejemplo, ya se están instalando redes 5G en bases militares completas. Al igual que en la logística civil, acercar ciertas operaciones logísticas al punto de uso resulta muy atractivo. Estados Unidos, por ejemplo, emplea impresión 3D para fabricar componentes cerca del lugar y momento de la necesidad, utilizando blockchain para garantizar su trazabilidad y certificación. También se están explorando materiales avanzados, como biotecnologías aplicadas a textiles, que podrían transformar las prácticas logísticas actuales.
Naturalmente, la planificación logística sigue siendo fundamental: estimación de demanda, gestión de inventarios, asignación de recursos, transporte y planificación de rutas. Incluso en tiempos de paz, estas tareas ya presentan grandes retos, especialmente en democracias donde no resulta fácil justificar inversiones en suministros o instalaciones que se espera no usar jamás. En tiempos de guerra, el viejo dicho cobra aún más fuerza: «el plan es la primera víctima del contacto con el enemigo». Por eso, el análisis en tiempo real y la capacidad de adaptación se vuelven vitales.
Todo ello apunta a que la tecnología con mayor potencial disruptivo y multiplicador —de la que, además, dependerán muchos otros avances— es la Inteligencia Artificial (IA).
La IA y el aprendizaje automático (machine learning) ya desempeñan un papel importante, por ejemplo, en el mantenimiento predictivo: un motor a reacción puede reemplazarse según su estado real, en lugar de basarse en una simple estimación por horas de uso. A futuro, la integración de la IA en la logística militar revolucionará la gestión de la cadena de suministro, optimizando la asignación de recursos y mejorando la toma de decisiones en todos los niveles.
La capacidad de la IA para analizar grandes volúmenes de datos mediante sistemas de Big Data permite anticiparse a las necesidades de forma mucho más precisa, asegurando que los suministros lleguen al lugar y en el momento adecuados. También puede ofrecer análisis en tiempo real que mejoren la capacidad de respuesta ante cambios inesperados sobre el terreno. Por ejemplo, si el enemigo destruye una ruta logística, la IA puede facilitar la reorientación inmediata del suministro, e incluso prever cuál podría ser el siguiente objetivo del adversario.
Asimismo, los algoritmos de aprendizaje automático permiten detectar patrones ocultos y generar información valiosa tanto para decisiones estratégicas como tácticas. Por ejemplo, la IA podría anticipar cuellos de botella logísticos o interrupciones en la cadena de suministro antes de que ocurran (no solo provocadas por ataques enemigos). A largo plazo, el análisis prescriptivo basado en IA permitirá simular escenarios y diseñar respuestas óptimas, contribuyendo a una logística militar más ágil y resiliente.
Sin embargo, el aprovechamiento efectivo de estas tecnologías plantea grandes desafíos. Uno de los principales es encontrar el equilibrio adecuado entre automatización y juicio humano: en ocasiones, la intuición de un comandante experimentado puede superar una sugerencia automatizada, especialmente ante situaciones imprevistas o poco convencionales.
Otro reto clave es la ciberseguridad. Ya hemos visto cómo los ciberataques pueden colapsar cadenas de suministro comerciales: una interrupción similar en la producción o suministro de material militar sería desastrosa. Las implicaciones éticas también empiezan a surgir, especialmente si un dron logístico adquiere capacidades autónomas de defensa.
En términos más generales, es necesario formar a la «mano de obra» que, por supuesto contiene importantes componentes civiles y militares, en los usos y abusos actuales y potenciales de la IA en el contexto de la logística militar. Es esencial una integración eficaz con la industria y los países aliados. Además, es crucial desarrollar el talento dentro de los distintos organismos militares, acompañado de una mentalidad colaborativa e innovadora, centrando los esfuerzos en la adquisición y el análisis de datos y en la creación de procesos y herramientas para utilizarlos.
Para más información, póngase en contacto con Carolina Ciprés en [email protected]