
Por Diana Alarcón y Dr. Aldo Arranz
Los responsables políticos y los planificadores urbanos suelen priorizar métricas tangibles, como los kilómetros de nuevas líneas de tranvía, la densidad de las redes ciclistas o la electrificación de las flotas de vehículos. Estos elementos conforman el «hardware» de la ciudad, es decir, la estructura física que posibilita la movilidad y sustenta la transición hacia sistemas más sostenibles.
Sin embargo, una ciudad no es meramente un conjunto de sistemas de ingeniería. También está configurada por la manera en que las personas perciben, interpretan e interactúan con los sistemas de movilidad de su entorno. Más allá de su infraestructura física, toda ciudad constituye un ecosistema sociotécnico definido por los hábitos, las normas y las percepciones de sus habitantes. Este es el «software» de la ciudad: lo que los investigadores denominan Cultura de la Movilidad.
La tesis doctoral de Diana I. Alarcón-Bohada, desarrollada en el marco del proyecto de investigación TRANSFORM, una red doctoral Marie Curie financiada por la Comisión Europea, aborda la disonancia crítica entre estas dimensiones estructurales y perceptuales. Un desafío recurrente en las transiciones de movilidad urbana es que las mejoras en la infraestructura no siempre se traducen en cambios correlativos en cómo las personas experimentan o evalúan sus opciones de movilidad. Aun cuando los modos sostenibles están físicamente disponibles, es posible que no se perciban como alternativas viables, convenientes o deseables.
Para diagnosticar esta brecha, la tesis doctoral se centra en un concepto denominado Accesibilidad Percibida Multimodal.
Mientras que los enfoques de transporte tradicionales evalúan la «accesibilidad espacial» (por ejemplo, la proximidad de una parada de autobús), la accesibilidad percibida multimodal evalúa el «mapa cognitivo» del usuario. Captura cómo las personas interpretan la viabilidad, la calidad y la idoneidad de sus opciones de movilidad en su vida cotidiana. Esta distinción es fundamental, ya que las opciones de movilidad que están físicamente disponibles, pero que no se perciben como viables o adecuadas, pueden no contribuir de manera efectiva a una verdadera transición hacia la movilidad sostenible.
Un desafío clave de esta investigación radica en que no todos los comportamientos de viaje reflejan los valores culturales en la misma medida. Para comprender mejor la cultura de la movilidad, es necesario distinguir entre actividades obligatorias y discrecionales. En las actividades obligatorias (como los desplazamientos al trabajo), es habitual que las personas dependan de modos de transporte específicos debido a limitaciones estructurales más que a preferencias personales. Por tanto, el uso de dicho modo de transporte se puede interpretar como un ajuste conductual, más que como un cambio cultural. Por el contrario, las actividades discrecionales (compras, ocio, visitas sociales) representan la verdadera prueba empírica de la cultura de la movilidad. Estos viajes implican una mayor flexibilidad y permiten a los individuos ejercer un mayor grado de elección sobre cómo se desplazan.
Si una ciudad invierte fuertemente en infraestructuras sostenibles, pero sus residentes recurren instintivamente al vehículo privado para sus desplazamientos discrecionales de ocio, esto indica un fenómeno de «inercia estructural». Esta tesis doctoral argumenta que una verdadera transición hacia una cultura de movilidad sostenible solo se logra cuando los modos sostenibles son elegidos voluntariamente para este tipo de actividades motivadas por los valores personales.
La cultura de la movilidad moderna está cada vez más condicionada por la creciente capa digital de la vida urbana. El comercio electrónico ha introducido el mecanismo de la «sustitución digital», mediante el cual el desplazamiento físico es reemplazado por procesos logísticos.
Esta transformación reconfigura la forma en que se experimenta la accesibilidad. En una cultura de movilidad híbrida, una «vida satisfactoria» se sustenta en una integración fluida de la movilidad física y el acceso digital. Sin embargo, esta comodidad introduce nuevas dinámicas socioespaciales y posibles tensiones dentro del entorno urbano. Los conflictos espaciales son un claro ejemplo. La distribución de «última milla» compite cada vez más por el espacio público. Resulta imperativo plantearse si la integración del transporte de mercancías en las redes de pasajeros (p. ej., tranvías de carga) o la presencia de dispositivos de reparto autónomos afecta a la seguridad percibida y a la caminabilidad de nuestras calles. Además, existe el riesgo de que una alta accesibilidad digital pueda socavar la «sostenibilidad social». Si el comercio electrónico sustituye la interacción comunitaria del mercado local, ¿disminuye realmente la calidad de vida percibida en el entorno urbano, a pesar del aumento de la comodidad?
En última instancia, esta investigación aboga por adoptar una perspectiva más amplia en la forma de comprender y evaluar los sistemas urbanos. Durante décadas, la movilidad se ha evaluado principalmente mediante indicadores físicos como la velocidad y la provisión de infraestructuras. El paradigma emergente, fundamentado en la cultura de la movilidad, prioriza la capacidad de alcanzar de manera efectiva los destinos de compra deseados.
Al centrarse en la Accesibilidad Percibida Multimodal, esta investigación busca comprender mejor cómo los individuos experimentan estas condiciones en constante evolución. Ofrece una perspectiva que conecta la infraestructura, el acceso digital y la percepción humana, contribuyendo a una comprensión más integral del funcionamiento de los sistemas de movilidad en las ciudades.
A medida que las ciudades continúan invirtiendo en nuevas infraestructuras y sistemas digitales, comprender cómo las personas experimentan estos cambios resulta esencial. Al poner el foco en la percepción, el comportamiento y la experiencia cotidiana, esta investigación y, en términos generales, el proyecto TRANSFORM, respaldan enfoques más informados y centrados en el factor humano para dar forma al futuro de la movilidad urbana.
TRANSFORM has sido financiado por la Unión Europea, mediante una acción Marie Skłodowska-Curie (GA 101168853).